domingo, 15 de enero de 2017

Apuntalando canales


En la democracia representativa resulta importante la participación de los ciudadanos en las organizaciones políticas y sociales. Ya sea a través del voto en los comicios electorales o en la adhesión a cualquier acción colectiva dispuesta por los diferentes actores sociales. En este tipo de democracia las organizaciones políticas son las responsables de conectar las demandas originadas desde la sociedad hacia los gestores del Estado.

Desde el principio de la crisis económica, a mediados del 2007, y posterior Gran Recesión se originó un gran descontento y rechazo hacia las principales instituciones políticas y a la implementación de sus políticas de recortes. Producto de estos acontecimientos fue la creación del movimiento social 15 – M, surgido a raíz de la manifestación en Madrid el 15 de mayo del 2011 llevada a cabo por diferentes colectivos sociales en contra de lo establecido. Este movimiento tuvo notable éxito ya que se reprodujo en gran parte de las ciudades españolas.

El éxito de este movimiento al margen de las principales organizaciones política ocasionó una activación tímida de los principales partidos políticos mediante medidas por parte del Gobierno, “fichajes” de algún que otro representante de las protestas o propuestas por parte de la oposición. Esto no consiguió traducirse en el apoyo necesario en los próximos comicios electorales, sino que la desafección y el desapego hacia la democracia representativa en general y el PSOE en particular aumentaron de manera notable.

Nos guste más o nos guste menos la crisis que viven estas dos instituciones supone un mal mayor para la sociedad. La democracia representativa poco a poco se recupera, ya que en el Parlamento y el Senado, pero sobre todo en el primero, se ha producido un cambio importante. Este cambio es la transición de un modelo multipartidista moderado hacia un multipartidismo fragmentado. En el primero había una representación de diversas formaciones políticas con una o dos formaciones en clara ventaja. Esto suponía la formación de Gobierno y apoyos en el Parlamento y el Senado sin muchos contratiempos. Mientras que en el multipartidismo fragmentado se caracteriza por una pluralidad de organizaciones políticas con clara ventaja de tres o más partidos políticas, lo cual dificulta la gobernabilidad.

Los principales resultados de esta transición han sido la aparición de Ciudadanos y Podemos en el panorama político estatal, pero no solo la simple aparición, sino la ocupación de un espacio que antes ocupaban solamente PP y PSOE respectivamente, pero que ahora se reparten cuatro partidos políticos.

Por la posición que ocupaba y por ser el que gobernaba cuando apareció la crisis, el PSOE está viviendo una crisis de legitimación, confianza, desafección y desapego que no pueden ser comparables en todo este tiempo atrás. El canal de participación que proporcionaba a la sociedad está roto y en mal estado. El proceso de primarias que permitió a toda la militancia elegir al Secretario General en julio de 2014 se vivió con mucho entusiasmo. Unos lo vieron como un paradigma para atraer a militantes y simpatizantes desencantados y así recuperar la posición perdida tras la crisis, mientras que otros veían el proceso como un peligro para la existencia de la formación, la imagen que se pudiera proyectar y lo novedoso de la elección del líder.

Con Pedro Sánchez al frente del PSOE parecía que la situación iba a cambiar pero tras los malos resultados tanto en las elecciones generales como en Galicia y País Vasco, además de la rebelión de varios miembros de la ejecutiva, forzaron la dimisión precipitada de Pedro. Tras esto se formaba una Gestora capitaneada por Javier Fernández. Que tenía como misión fijar la fecha del proceso de primarias y posterior Congreso Federal para elegir al nuevo Secretario General en junio de este año.

Cuando llegue junio, serán ya nueve meses sin liderazgo, con una imagen totalmente fragmentada que hemos ofrecido a la sociedad, con líderes más interesados en su proyecto personal de liderazgo que en el proyecto que debe suponer reconstruir el canal de participación que ha sido y es el PSOE. La ambición de los líderes no sirve para reconstruir una imagen y unas siglas en las que confiamos muchas personas como motor de cambio de la sociedad. El proceso de primarias que se abra en mayo debe de ser una iniciativa enriquecedora de participación, de intercambio, que no confrontación, de discursos que refuercen ese canal de participación tan necesario para la sociedad en general y para los ciudadanos en particular. Porque el PSOE nunca será un proyecto personal, sino colectivo. En estos tiempos, si no entendemos esto, nos seguirá yendo muy mal.

Lo comenté en su tiempo y lo reafirmo ahora, el PSOE no puede garantizar la estabilidad de un Gobierno que ha implementado unas medidas muy dañinas para los diferentes colectivos más desfavorecidos antes y durante la crisis, porque ese no puede ser nuestro proyecto, ni en el corto, medio o largo plazo.


domingo, 20 de noviembre de 2016

El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.


El miércoles me desperté con una noticia inesperada, mientras lo hacía entraba mi madre para bañarme, lo hacía con un comentario difícil de creer por lo ilógico que suponía no solo en el imaginario colectivo, sino también el mensaje que estaba implícito en la opinión pública. Que la señora Hillary Clinton iba a ser la próxima inquilina del Despacho Oval de la Casa Blanca de los Estados Unidos. Esta creencia se destruyó en el momento que mi madre tardó en decirme que Donald Trump había ganado las elecciones. Curiosamente, a la vez, mis pensamientos recordaron una de las famosas frases de la película Casablanca que da título a este artículo.


El miércoles no entraron los alemanes en París, pero ganó las elecciones Trump. Las encuestas, sondeos y demás estudios demoscópicos no vaticinaban este resultado, pero sí la victoria de Hillary Clinton por un estrecho margen. De manera similar, la victoria del Brexit también nos cogió a muchos por sorpresa. El éxito electoral del empresario ha sido, desde el punto de vista de la opinión pública algo ilógico, de la misma forma que hubiera sido ilógico que el senador Bernie Sanders hubiera ganado las primarias en el Partido Demócrata para ser candidato a la Presidencia de los EE.UU.


Durante el proceso de primarias de ambos partidos, Republicano y Demócrata ha seguido una pauta en el que todo parecía muy previsible. Hillary iba a ganar a Sanders, Trump lo iba a tener complicado para ganar las primarias en el Partido Demócrata y si las ganaba, que era harto complicado, perdería las elecciones contra la candidata del Partido Demócrata. Hasta varias personalidades con peso dentro del Partido Republicano le retiraron el apoyo por la carrera hacia la Casa Blanca, como fue el caso del congresista Paul Ryan, por destaparse varios casos de posible abuso sexual por parte de Donald Trump en la década pasada. Los hechos eran de tal magnitud, que parecía la formación conservadora iba a perder de nuevo la posibilidad de que su candidato finalmente no ocupara la Presidencia de los EE.UU.


Las primarias y la campaña electoral se han caracterizado por las declaraciones polémicas de Trump, los insultos hacia sus rivales en las primarias y las distintas promesas electorales de corte nacionalista y demagógico. Tales como la expulsión de musulmanes, derogar el TTIP o el acercamiento a Vladimir Putin. Mientras que la campaña de Hillary Clinton ha estado salpicada por el uso de un servidor privado para la gestión de correos electrónicos con información clasificada cuando era Secretaria de Estado, caso que ha sido investigado hasta haces dos días antes de la celebración de las elecciones por el FBI.


Lo que podemos apreciar que en estos comicios han estado más presente los deslices que han tenido los dos candidatos, más que los eslóganes durante la campaña o la exposición de grandes discursos, con un contenido importante en materia económica, social o de seguridad. Que se diferencia de las campañas de Barack Obama, que eran precisamente todo lo contrario a lo ocurrido estos meses.


La Administración de Donald Trump, tras lo visto en campaña electoral, será una total regresión a gran parte de las medidas tomadas por la Administración Obama. En materia de política exterior, Estados Unidos se volverá a subir a la torre defensiva para gestionar las relaciones con sus vecinos de América Central y del Sur y el Caribe. Una posición que probablemente no ayude a mantener unas relaciones cordiales. Con respecto a la Unión Europea, serán más distantes. Muchos interesados en política exterior, periodistas, sociólogos y politólogos tendremos que releer o hacer memoria de lo leído en el ensayo “Poder y debilidad: Europa y Estados Unidos en el Nuevo Orden Mundial” de Robert Kagan. Porque la victoria de Trump supone esto, una vuelta del realismo frente al idealismo que propugnaba en parte Obama. Es una vuelta al uso del “hard power”.


Finalmente, creo que el mundo no se derrumbará del todo, dentro de dos años hay elecciones legislativas, lo que puede poner un contrapeso importante a la Administración Trump.


Por otro lado, la gente se seguirá enamorando. El nacionalismo europeo ya ha encontrado su pareja de baile. ¿La encontrará la Unión Europea?

domingo, 3 de abril de 2016

Ideología, tolerancia y diversidad.


¿Qué es la ideología sino un estilo de vida? Podría decirse que esta pregunta se contesta ella misma. Sin embargo, hay quien piense que esto no tiene porqué ser así, que pueda haber personas que vivan sin ideología.

Las ideologías se forman a partir de determinados valores. Estos se imponen, se establecen, se asimilan a través de diferentes medios. Ya sea mediante un discurso eficaz, la imposición a través de la violencia que ejerce el Estado o distintos grupos terroristas o políticos. A lo largo del siglo XX han prevalecido apenas tres ideologías que se mantuvieron a través de las políticas de terror, que conllevaban la aniquilación de vidas humanas. El fascismo en sus versiones centroeuropeas y mediterránea por un lado. Por otro lado, el socialismo y el comunismo soviéticos y el maoísmo en China. Estas ideologías mencionadas supusieron la muerte y asesinato de casi 200 millones de personas.

Tras el derrumbamiento del sistema económico de la Unión Soviética frente a la supervivencia de la socialdemocracia y el liberalismo supuso la creencia de que las ideologías que estaban impregnadas por el terror se habían acabado. Que los conflictos acaecidos en las primeras décadas del siglo XX no volverían a ocurrir más. Que no se produciría otra guerra fría.

Sin embargo, el martes de la semana pasada murieron 35 personas y decenas de heridos, muchos de ellos muy graves que han hecho crecer el número de víctimas, en dos atentados terroristas en Bruselas. Estos ataques y el de noviembre en París fueron producidos por la organización terrorista Estado Islámico, la cual está establecida en Oriente Próximo, concretamente Siria e Irak. Esta organización impone en sus territorios una interpretación del Islam muy subjetiva y totalitaria, ya que se asesina a personas contrarias a los valores que están imponiendo en sus sociedades.

A la hora de escribir este artículo, lo primero que hice es viajar entre mis recuerdos y me dirigí hacia un ensayo, en mi opinión, necesario para entender un poco estos hechos, Crítica de las Ideologías, del profesor de Teoría Política ya fallecido, Rafael del Águila. Recuerdo que planteé distintas reflexiones que me surgieron entre las que destaqué el europeísmo como una ideología que utiliza políticas de mesura. También planteaba la dificultad para establecer un sentir europeísta, que las ciudadanas y ciudadanos que vivimos en la Unión Europea asimilemos los valores que alimentan tal ideología. Por último, hacía una distinción entre los conceptos de aceptación y tolerancia.

La explicación de estos hechos a través de la ausencia de tolerancia puede ser baladí, inconclusa o laxa. No obstante, veo necesario que la sociedad se cuestione estos ataques desde el enfoque de la tolerancia, o mejor dicho de la intolerancia que se produce entre grupos, entre personas diferentes, en la constante lucha que existe entre un grupo dominante que no permite ningún margen de espacio a los demás, a los diferentes. Si pretendemos acotar el espacio al otro, al diferente, estamos atentando contra la característica fundamental del ser humano, la diversidad. Si no creamos los espacios necesarios para dar cabida a nuestras diferencias estaremos dejando la puerta abierta al racismo, la xenofobia, el genocidio, la exclusión social, la desigualdad. Si no educamos a nuestras generaciones futuras en la aceptación y tolerancia como valores, estaremos dando rienda suelta a que nuestra sociedad asimile e imponga pocos modos de vida, mientras excluimos muchos modos de vida.
Por lo tanto, en nuestras manos está la posibilidad de que dejen de aflorar el odio, la venganza, la xenofobia, porque no tenemos la libertad de decidir quien vive y quien no.
Porque nuestra condición de seres humanos tiene que bastar para poder vivir y deambular en cualquier punto geográfico de nuestro planeta. Porque lo absoluto no puede prevalecer sobre lo relativo.




















miércoles, 13 de mayo de 2015

La decadencia de lo exclusivo.

Hace seis años asistí a un curso de verano ofertado por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. En el curso se conmemoraba los 30 años de democracia en España, con ponentes de prestigio en los ámbitos judicial, politológico, sociológico y periodístico.

Hoy me voy a detener en la ponencia que impartió el director del diario Correo de Andalucía en Sevilla. Puso el eje central en el papel que jugó la prensa en la Transición. También puso énfasis, con la aparición de las nuevas tecnologías y una población cada vez más interconectada, en la desaparición de una sección fetiche en los periódicos: la exclusiva. En la era de Internet, los medios de comunicación, sobretodo la prensa, han tenido que desprenderse en mayor medida de esta sección como una forma de atraer al lector.

A lo largo de los últimos 300 años de nuestra historia, los seres humanos hemos presenciado acontecimientos en los que pensábamos que serían exclusivos de esa época en concreto. Sin embargo, en lo que llevamos de la segunda década del siglo XXI, muchas tardes nos hemos sentado a comer viendo o escuchando noticias sobre sucesos que están ocurriendo a miles de kilómetros de nuestra casa y que pensábamos que eran imposibles de que volvieran a ocurrir. Es verdad que el hecho histórico en sí es irrepetible, pero el trasfondo que subyace no. Porque detrás de un conflicto bélico se encuentra el interés de una de las partes o las partes por querer dominar o destruir a la otra en pos de mantener una posición superior sobre el otro. Esto pasaba hace 300 años y sigue ocurriendo actualmente.

Porque la aniquilación de un grupo de personas o de una comunidad no es propia del estalinismo, el nazismo o los pogromos, sino que actualmente, en Oriente Próximo y en países del centro de África esto está pasando.

Trasladándonos un poco al ámbito de la política, observamos, como la gestión de los recursos que posee el Estado no solo depende única y exclusivamente de qué modo los gestione. Sino que en estos tiempos que corren, es igual o más importante lo que ocurre y lo que nos influye desde el exterior que el día a día de lo que esté pasando en nuestro país. Porque al fin y al cabo la inversión extranjera influye en mayor medida a la hora de posibilitar, por ejemplo, la creación de puestos de trabajo. Por lo tanto, lo exclusivo de una buena o mala gestión ha perdido en gran parte su valor.


Por último, creo que después de todo esto, se debe de reflexionar que en nuestras sociedades, en cualquier parte del mundo, la intolerancia, la no aceptación del otro, del diferente, el creernos superiores a cualquier raza o étnia, el prejuicio estaban presentes hace 300 años, estuvieron también presentes durante los pogromos, el nazismo, el estalinismo o cualquier acto de matanza colectiva existente en todo este tiempo. Y están aún más presentes hoy, 13 de mayo de 2015.

sábado, 6 de julio de 2013

Una Política Exterior particular.

Desde que se instauró la democracia en España tras la dictadura del general Francisco Franco, la Política Exterior española nunca ha perseguido unos objetivos claros y definidos, hasta el punto de plantearse si España ha tenido y tiene Política Exterior. En la primera etapa socialista, de la mano de Felipe González, ésta se caracterizó por el establecimiento de las relaciones internacionales hacia los países de Iberoamérica con el comienzo de las Cumbres Iberoamericanas a principios de la década de los noventa.

Durante la etapa de José María Aznar, la Política Exterior dio un giro cuasi radical. Ésta estuvo centrada en la profundización de las relaciones con Estados Unidos y los Estados con gobiernos con una tendencia liberal en sus políticas. El acontecimiento más importante de esta etapa fue la decisión de participar en la Guerra de Irak en 2003 ofreciendo apoyo logístico a las tropas invasoras. Las consecuencias de esta decisión fueron la animadversión hacia España de potencias europeas importantes como Alemania o Francia, por un lado, y el mantenimiento de las buenas relaciones con Estados Unidos y el Reino Unido principalmente, por otro. Esto tiene un alto coste de oportunidad a la hora de establecer acuerdos comerciales con países que tuvieron una postura distinta a la llevada a cabo por España.

La decisión de participar en el conflicto iraquí le granjeó al Gobierno de José María Aznar numerosas protestas sociales, lo cual, socavaba la legitimidad de tal decisión, ya que también en la Cámara Baja ninguna formación distinta del Partido Popular decidió secundar la intervención.

La vuelta de los socialistas con José Luís Rodríguez Zapatero conllevó otro giro en la Política Exterior española. Ésta se inauguró con la retirada de las tropas de Irak. Con esta decisión, Zapatero cumplía así con una de sus propuestas estrellas en la campaña electoral de 2004 y de paso legitimaba su acción de gobierno durante la legislatura. También es destacable la vuelta a las relaciones con determinados Estados de América del Sur, especialmente, los gobiernos con una clara tendencia izquierdista. También es destacable la ausencia de contactos con la Administración Bush debido a la retirada de las tropas españolas del país asiático.

En definitiva, hemos observado cómo se han producido distintos vaivenes en las relaciones internacionales de España al hilo del partido político que ha gobernado. Esto hace indicar que en España nunca ha existido un consenso claro a la hora de definir una Política Exterior sólida y clara que ha perjudicado notablemente a la imagen de España en el exterior.


domingo, 3 de marzo de 2013

¿Qué es la democracia?

El título que encabeza este artículo bien podría ser el título de un capítulo de cualquier manual de ciencia política. Pero hoy no escribo para reproducir aquí lo redactado en manuales politológicos, tampoco será una contestación a la pregunta que encabeza este artículo.

Cuando pensamos en democracia, la primera imagen que se nos viene a la cabeza, la mayoría de las veces, es la acción de depositar un trozo de papel en una urna. También, si hacemos un repaso histórico de la implantación de la democracia en países y ciudades, pensaremos en la polis ateniense y el modelo democrático de asamblea, en el que “todos” los ciudadanos de Atenas participaban en las decisiones políticas. Recordemos también que en aquella época no se consideraban ciudadanos ni a los esclavos, ni a las mujeres, por lo tanto no podían participar en el devenir político ateniense.

Sin embargo, si pensamos en el modelo de democracia liberal o democracia representativa actual, debemos de fijarnos en los comienzos del sistema parlamentario inglés, que resultó un sistema político revolucionario en el que su objetivo era evitar la tiranía del monarca británico contra la burguesía inglesa. Este modelo de representación política ha perdurado y sigue perdurando de forma estable, exceptuando el período previo de entreguerras y durante la II Guerra Mundial con la aparición del fascismo como contraposición a la democracia representativa y los mecanismos y componentes con los que se forma.

Desde el comienzo de la crisis económica, allá por el año 2007 hasta hoy, se ha mostrado paulatinamente como las instituciones políticas de los Estados occidentales no han sido capaces de amortiguar los efectos que ha producido el estallido de la burbuja inmobiliaria primero, y la crisis crediticia de ahora. Esto ha conllevado una merma de los recursos de los individuos y familias más desfavorecidos que ha hecho que el nivel de desigualdad social aumentase. Por consiguiente, ha dado lugar a que se produjera la desconexión total entre la sociedad y sus representantes políticos. La imagen que se ha mostrado y se muestra todavía es de una perfecta incompetencia para gestionar las distintas crisis que se han originado; no solo económica, sino social y de valores.  El descontento y el desánimo hacia la élite política se ha traducido en numerosas manifestaciones, huelgas generales, concentraciones ante la sede central del partido de gobierno y resultados muy negativos en las distintas encuestas realizadas por empresas demoscópicas, sobre todo en contra del liderazgo que ejercen Mariano Rajoy Brey y Alfredo Pérez Rubalcaba en sus distintas formaciones políticas. Mientras, las declaraciones de varios personajes políticos poniendo el foco de atención en los límites de la protesta ciudadana no hacen más que aumentar el grado de crispación social y política.

En esta tesitura tenemos que hablar de democracia de máximos y de mínimos. A la élite económica y política para sobrevivir solo le hace falta un modelo democrático estrecho o mínimo en forma de poca transparencia en la administración, o algo que está muy de moda ahora, las ruedas de prensa sin preguntas. Sin embargo, la ciudadanía necesita que las líneas rojas de la democracia se maximicen en forma de mayor transparencia en los asuntos concernientes con el Gobierno.

Por lo tanto, esta situación ha desembocado no en una crisis de la democracia en general, sino de la democracia representativa en particular y de los mecanismos que la componen. La participación cada vez menos se canaliza a través del partido o representante político sino que surge de modo espontáneo y en grupos heterogéneos.  

A fin de cuentas, la democracia es un elemento muy necesario para los ciudadanos, no fue creada por otro motivo que el permitir la participación de estos.

domingo, 20 de enero de 2013

La legislatura prorrogada.


Estas semanas atrás se ha escrito mucho y se ha comentado todavía más sobre la salud de Hugo Chávez, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y su más que notable ausencia en la jura del cargo como máximo mandatario el 10 de enero. Lo escrito siempre ha estado en torno sobre la salud de Chávez y la consideración como legítima o no la ausencia de la toma de posesión del cargo.

El oficialismo se mostró despreocupado porque Chávez no acudiera al acto, considerándolo un mero “formulismo”. Mientras, la oposición y los distintos medios de comunicación se mostraban inquietantes por la falta de información y transparencia sobre la salud del líder venezolano.

El acto de jurar el cargo, es cierto que es un simple “formulismo”, pero por eso no deja de tener su importancia dentro del sistema político, de cualquier modelo democrático occidental. De hecho, hay numerosos actos en cualquier sistema político, que se observe, que son simplemente ceremoniales pero que si no se producen en el devenir del proceso estaríamos ante un sistema político con ciertas lagunas, ambigüedades y excepcionalides.

Por otro lado, esta ausencia se percibe de dos maneras. La falta de poder que se crea, ya que Chávez es el alma máter de la “revolución” bolivariana y el máximo exponente para las clases populares, todo pasa o pasaba por la decisión de Hugo. Después, estamos ante un chavismo sin Chávez, cosa bastante peligrosa para un movimiento que depende de un líder con un alto grado de carisma entre gran parte de la sociedad venezolana. También habría que estar atentos el cómo gestiona este gran problema los dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela. Además de que consideren legítimas o no las medidas a tomar por el equipo encabezado por Nicolás Maduro por parte del electorado que depositó su confianza en Hugo Chavéz. De todo esto también es importante observar la estrategia política a seguir de la oposición de esta coyuntura, si va a ser capaz de desquitarse de los estigmas asociados por parte del oficialismo y ofrecer una gestión diferente al chavismo en temas de seguridad ciudadana, relaciones comerciales, internacionales, etc.

Por lo tanto, esta situación nos lleva a reflexionar que el 10 de enero de 2013 no comenzó una nueva legislatura en Venezuela, sino todo lo contrario, una prorrogación de la anterior legislatura.