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domingo, 3 de marzo de 2013

¿Qué es la democracia?

El título que encabeza este artículo bien podría ser el título de un capítulo de cualquier manual de ciencia política. Pero hoy no escribo para reproducir aquí lo redactado en manuales politológicos, tampoco será una contestación a la pregunta que encabeza este artículo.

Cuando pensamos en democracia, la primera imagen que se nos viene a la cabeza, la mayoría de las veces, es la acción de depositar un trozo de papel en una urna. También, si hacemos un repaso histórico de la implantación de la democracia en países y ciudades, pensaremos en la polis ateniense y el modelo democrático de asamblea, en el que “todos” los ciudadanos de Atenas participaban en las decisiones políticas. Recordemos también que en aquella época no se consideraban ciudadanos ni a los esclavos, ni a las mujeres, por lo tanto no podían participar en el devenir político ateniense.

Sin embargo, si pensamos en el modelo de democracia liberal o democracia representativa actual, debemos de fijarnos en los comienzos del sistema parlamentario inglés, que resultó un sistema político revolucionario en el que su objetivo era evitar la tiranía del monarca británico contra la burguesía inglesa. Este modelo de representación política ha perdurado y sigue perdurando de forma estable, exceptuando el período previo de entreguerras y durante la II Guerra Mundial con la aparición del fascismo como contraposición a la democracia representativa y los mecanismos y componentes con los que se forma.

Desde el comienzo de la crisis económica, allá por el año 2007 hasta hoy, se ha mostrado paulatinamente como las instituciones políticas de los Estados occidentales no han sido capaces de amortiguar los efectos que ha producido el estallido de la burbuja inmobiliaria primero, y la crisis crediticia de ahora. Esto ha conllevado una merma de los recursos de los individuos y familias más desfavorecidos que ha hecho que el nivel de desigualdad social aumentase. Por consiguiente, ha dado lugar a que se produjera la desconexión total entre la sociedad y sus representantes políticos. La imagen que se ha mostrado y se muestra todavía es de una perfecta incompetencia para gestionar las distintas crisis que se han originado; no solo económica, sino social y de valores.  El descontento y el desánimo hacia la élite política se ha traducido en numerosas manifestaciones, huelgas generales, concentraciones ante la sede central del partido de gobierno y resultados muy negativos en las distintas encuestas realizadas por empresas demoscópicas, sobre todo en contra del liderazgo que ejercen Mariano Rajoy Brey y Alfredo Pérez Rubalcaba en sus distintas formaciones políticas. Mientras, las declaraciones de varios personajes políticos poniendo el foco de atención en los límites de la protesta ciudadana no hacen más que aumentar el grado de crispación social y política.

En esta tesitura tenemos que hablar de democracia de máximos y de mínimos. A la élite económica y política para sobrevivir solo le hace falta un modelo democrático estrecho o mínimo en forma de poca transparencia en la administración, o algo que está muy de moda ahora, las ruedas de prensa sin preguntas. Sin embargo, la ciudadanía necesita que las líneas rojas de la democracia se maximicen en forma de mayor transparencia en los asuntos concernientes con el Gobierno.

Por lo tanto, esta situación ha desembocado no en una crisis de la democracia en general, sino de la democracia representativa en particular y de los mecanismos que la componen. La participación cada vez menos se canaliza a través del partido o representante político sino que surge de modo espontáneo y en grupos heterogéneos.  

A fin de cuentas, la democracia es un elemento muy necesario para los ciudadanos, no fue creada por otro motivo que el permitir la participación de estos.

martes, 23 de octubre de 2012

Confianza.


Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra confianza, de entre sus distintasacepciones,cabe resaltar la siguiente: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”.

La confianza suele estar presente en numerosas relaciones, tanto individuales como de grupos. Ésta casi siempre se utiliza para nivelar la relación existente. Si el nivel de confianza es alto, habrá un alto grado de compromiso entre los individuos. Sin embargo, si la confianza apenas existe en la relación entre los grupos o simplemente dentro del mismo, no hablamos ya de confianza, sino todo lo contrario, de desconfianza.
Este domingo pasado se celebraron elecciones autonómicas en las comunidades autónomas de País Vasco y Galicia. El resultado fue gratificante para algunos y desastroso para otros. La conclusión de las elecciones se puede explicar de determinadas maneras. Sin embargo, hoy lo voy hacer partiendo de la palabra confianza y su contraria, la desconfianza.

En Galicia, el resultado electoral era el que ya avisaban las encuestas. Mayoría absoluta en el parlamento gallego por parte del Partido Popular. No obstante, este tipo de mayoría se ha granjeado con un menor número de votos, consiguiendo en total 653.934, frente a los 789.427 conseguidos en 2009. El Partido Socialista de Galicia digamos que fue el gran perdedor de la jornada electoral gallega, perdiendo algo menos de diez puntos porcentuales con respecto a 2009. El otro gran triunfante del domingo electoral fue Alternativa Galega de Esquerda (AGE), que consiguió desbancar al Bloque Nacionalista Galego de la tercera posición. Con lo cual, el parlamento de Galicia pasa de tener las tradicionales tres formaciones políticas a tener cuatro partidos políticos distintos en la cámara autonómica.
Esto se puede traducir de la siguiente manera: el Partido Popular goza de un estimable apoyo en Galicia, con un líder fuerte como es Alberto Nuñez Feijóo, que durante la campaña electoral se ha intentado desmarcar de la gestión de la crisis realizada hasta el momento por Mariano Rajoy. En cuanto al PSdeG, el comienzo de la crisis económica todavía se identifica con el partido que gobernaba entonces, si a ello le sumamos a que el candidato era simplemente eso, un candidato que no ha sabido ganarse la confianza del electorado gallego. De forma concluyente, podríamos decir que nos encontramos ante una derecha muy fuerte, una izquierda débil y dividida, y un  descontento hacia las formaciones políticas que se mantiene, pero en menor medida.

En el País Vasco la situación política ha cambiado totalmente. La victoria del Partido Nacionalista Vasco con 27 escaños se vuelve a revalidar. Resulta paradójico, porque el PNV ganó las elecciones con 3 escaños más, sin embargo no le dio acceso al gobierno vasco. Esto se debe en gran parte a la pérdida de 11 puntos porcentuales en votos del Partido Socialista Vasco de Euskadi, a ello habría que añadir la pérdida de 3 escaños del Partido Popular. Con lo cual, imposibilita programar una coalición entre estas dos formaciones políticas. Y pasamos, en mi opinión, al gran vencedor de la jornada electoral vasca: EH Bildu con 21 escaños. Esta formación abertzale concurre a estos comicios en un contexto de paz. Ya en las elecciones municipales del año pasado se vislumbraba el peso político que podía tener. Hemos de recordar que la participación de EH Bildu es el efecto causado por el abandono de la violencia por parte de ETA. El resultado electoral de Bildu pone en una auténtica tesitura al PNV, obligándolo a gobernar en mayoría simple con acuerdos puntuales con las formaciones con más representación en el parlamento vasco.

De las elecciones autonómicas se pueden sacar dos conclusiones bien diferenciadas y definidas. En Galicia, el Partido Popular sabe obtener muy la confianza del electorado, y a su vez, aprovechar muy bien los despropósitos de la oposición.

En el País Vasco se produce una situación algo incómoda en relación con el Gobierno de España, pues el apoyo de Bildu es bastante amplio, lo cual puede ser molesto a la hora de mantener el status territorial de España. Porque si Bildu no plantea políticas en torno a la independencia del País Vasco crearía mucha incertidumbre en su masa social. Por lo tanto, esa confianza deposita en Bildu a lo largo de la legislatura se puede desgastarse o aumentarse.